David Berkowitz – El Asesino del Calibre 44

El Asesino del Calibre 44 llamado David Berkowitz, el Hijo de Sam. David nació el 1 de junio de 1953, fue un hijo no deseado de Betty Broder, quien lo abandonó, y fue adoptado por Nat y Pearl Berkowitz. Era un niño tímido y con baja autoestima que trataba de proyectar una apariencia autosuficiente, mintiendo y causando problemas. Su comportamiento alternaba momentos de extrema timidez, complejo de inferioridad y fuertes depresiones con arrebatos de ira y violencia desmesurada.
Su madre adoptiva murió en 1967 cuando el tenía 14 años, fue lo peor que le pudo pasar. Al no tener suerte con las mujeres, fue alimentando su odio contra ellas, además del recuerdo de su verdadera madre y lo que hizo con él confirmaba este odio. La mente de Berkowitz no pudo asimilar tanta soledad y en su adolescencia comenzaron sus desdoblamientos (doble personalidad).
“Mis padres estaban constantemente preocupados por mi comportamiento extraño. Sabían que yo vivía en un mundo imaginario y no podían hacer nada contra los demonios que me atormentaban y controlaban mi mente…” Berkowitz, también conocido como “El Asesino del Calibre 44″, no puede presumir de haber tenido una vida sencilla.
El hecho que sus verdaderos padres lo abandonasen
siendo éste muy pequeño y su carácter difícil, le inducirían
a una adolescencia traumática y doble personalidad. Su
comportamiento alternaba momentos de extrema timidez,
complejo de inferioridad y fuertes depresiones con arrebatos
de ira y violencia desmesurada.
Queriendo mejorar su autoestima y al mismo tiempo
vengarse de una sociedad en la que no terminaba de encajar,
se compra un revólver. Con sólo veintitrés años, comienza
una serie de crímenes que aterrarían durante un año la
ciudad de Nueva York, matando a seis personas e hiriendo a
otras siete entre 1976 y 1977. El joven Berkowitz dispara
con su calibre 44 indistintamente a cualquier persona que se
cruce en su camino, sin importarle sexo o edad.
A medida que pasa el tiempo, va ganando una
estremecedora seguridad en sí mismo que lo transforma en un
personaje frío y sin escrúpulos, a la vez que negligente a
la hora de llevar a cabo sus crímenes. Su afán de
protagonismo es tal, que termina por dejar una nota para la
policía en el lugar de un crimen, asegurando que mata a sus
víctimas por orden de su padre “Sam”, y firmando de la
siguiente manera: “Soy un monstruo. Soy el hijo de Sam…
adoro la caza.”
También envía una siniestra carta a un periodista
del “New York Daily News”, agradeciéndole el interés que
mostraba por los crímenes del asesino del calibre 44 y
prometiendo a éste que seguiría teniendo noticias suyas,
pues “Sam el Terrible”, cada vez más sediento de sangre, no
dejaría de matar hasta que se saciase por completo.
Un año después, en julio de 1977 un testigo logra
identificarlo cuando Berkowitz trataba de huir del escenario
de un crimen después de haber disparado contra una pareja de
jóvenes, y un mes después es arrestado.
Trata de alegar locura afirmando escuchar la voz de
un demonio de 6000 años reencarnado en “Sam”, el perro de su
vecino, el cual le daba órdenes de matar. Sin éxito. Los
psiquiatras lo diagnostican como esquizofrénico paranoide de
personalidad antisocial . Berkowitz es juzgado culpable y
condenado a cadena perpetua, con una pena de 365 años.
Una vez en la cárcel, reconoce haber formado parte
de un culto satánico relacionado con Charles Manson, y
asegura que sus crímenes no los cometió solo, sino que
habían sido varios los tiradores con un calibre 44… En
unas declaraciones recientes, Berkowitz confesaba cómo había
sido su experiencia dentro del mundillo satánico:
“Me fascinaban los temas relacionados con la
brujería y el ocultismo. En 1975 conocí a unos tíos que
parecían simpáticos. Eran satanistas. Ingenuamente me uní al
grupo, y empecé asistiendo a los rituales. Al principio no
era más que un simple participante, pero muy pronto me
convertí en un verdadero adorador del Diablo. Mi cuerpo y
mente le pertenecían…yo me estaba convirtiendo en una
máquina de matar…”
La policía neoyorquina venía ya sospechando que
detrás de todos esos crímenes se hallase una secta satánica,
y que Berkowitz no fuese más que uno de los adeptos de más
bajo rango. La coartada perfecta para encubrir a los
miembros de más posición.
Aún así, y como en la mayoría de estos casos, las
mismas fuerzas de seguridad que se ocuparon del caso,
trataron de ocultar todos aquellos datos que relacionaban el
crimen con satanismo, siendo revelados al público más tarde
gracias a las investigaciones del periodista Maury Terry